Imagínate estar en una situación límite. Una decisión urgente, un cuerpo que siente miedo y una sociedad que, en lugar de acompañarte, te juzga. Eso es lo que han vivido miles de mujeres y personas gestantes cuando no tienen acceso a un aborto seguro. Pero también hay historias que muestran que otro camino es posible.
En Argentina, desde 2020, el aborto es legal hasta la semana 14 gracias a la Ley 27.610, y los resultados no tardaron en verse. Según el Ministerio de Salud (2022), no solo se redujeron las hospitalizaciones por complicaciones, sino que también disminuyeron los abortos clandestinos, demostrando que el acceso legal no promueve más abortos, sino más salud y menos muertes.
En cambio, en países como Bolivia, Ecuador, Paraguay y Perú, el aborto sigue estando penalizado, salvo en circunstancias extremas como violación o riesgo para la vida de la mujer o persona gestante. Esta criminalización obliga a muchas a acudir a métodos inseguros: medicamentos mal administrados, intervenciones en lugares sin condiciones, soledad, miedo.

Y aunque México ha avanzado, con 12 estados despenalizando el aborto hasta la semana 12, todavía hay barreras: desigualdad en el acceso, objeción de conciencia del personal de salud y desinformación, que hacen que no todas puedan ejercer ese derecho de forma segura y equitativa (CLACAI, 2023).
El aborto existe. Negarlo no lo elimina, solo lo vuelve más peligroso. Hablar de aborto legal y seguro no es fomentar su práctica, sino reconocer que las personas deben tener la libertad de decidir sobre su cuerpo sin poner en riesgo su vida.

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